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Las cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, con corte al 31 de julio de 2022, indican que en el país se han registrado más de 1.000 suicidios este año. También y según este mismo Instituto, en Colombia se reporta un promedio de 7 suicidios y 95 intentos de suicidio diarios. Por su parte, el Instituto Nacional de Salud, con corte al 27 de agosto de 2022, notifica un total de 22.834 casos de intento de suicidio.

En nuestro caso local y según cifras de la secretaría de salud, con corte al mes de junio del 2022, la tasa de intentos de suicidio en Medellín estaba situada en 77.9 por cada 100 mil habitantes. Estas cifras son solo la superficie del inmenso problema que se esconde detrás de la estadística. El panorama sobre el suicidio es aún más preocupante cuando se discriminan las cifras. De los 76 casos de suicidio en este 2022 en la ciudad, la mitad, 50 %, corresponde a menores de edad entre los 12 y los 17 años: “Mi hijo se tiró de un cuarto piso porque no quería ir al colegio. Le decían que era una mierda, que no merecía la pena, que era un tonto y un enano – era muy bajito – y otras cosas que él no me quiso decir”, mamá de un niño de 10 años.

¿Qué hay detrás del suicidio de un menor de edad? Cualquier suicidio trae consigo mucha oscuridad, pero en un menor de edad habla de soledad, abandono, abuso sexual, acoso escolar, drogadicción, violencia intrafamiliar, exclusión del círculo familiar, amenazas, desplazamiento intra urbano, miedo, bajo rendimiento escolar. Síntomas todos estos de la violencia que produce una sociedad tan desigual como la nuestra y que afecta por igual a niños, niñas y adolescentes de todos los estratos sociales. Probablemente existan algunas diferencias entre los móviles de cada caso según el estrato, pero las consecuencias fatales no discriminan ningún factor económico.

El momento actual que vive la humanidad se caracteriza por una arraigada cultura del yo que se exhibe a los demás. Buena parte de los adultos que rodean a los niños, niñas y adolescentes están más preocupados por mostrar – se en redes sociales que por asumir responsable y amorosamente el proceso de formación y educación de sus hijos. Yo viajo, lo muestro en Instagram, yo como, lo muestro en Instagram, yo amo, lo muestro en Instagram, me aman, lo muestro en Instagram y así se va volviendo la vida: una suma de fotos y de likes para convertir en espectáculo lo que se hace en la cotidianidad, pero que está lejos de ser la vida y más lejos de ser un vínculo fuerte que provea seguridad y confianza para que cualquier niño o niña pueda acudir a su familia cuando se sienta en peligro. Salvar a los niños de este momento actual requiere responsabilidad, comprensión y una suma de voluntades familiares, institucionales y estatales que pongan a la niñez como la primera urgencia de una sociedad que quiere realmente una transformación.

Que muera un niño de 10 años por suicidio en cualquier ciudad, en cualquier país, en cualquier idioma, es lo peor que nos puede pasar como especie y como sociedad.

Mirar con ternura como si no hubiera más que infancia.

Carlos Skliar

Publicado en El Colombiano

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