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¿Qué los ministros quieren debatir las reformas del gobierno porque tienen análisis que no han sido incluidas?, ¡que se vayan todos! Así trinó el alcalde de Medellín y decidió el presidente de la República. ¿Qué los arriendos están muy caros en Medellín?, ¡extranjeros, go home!, empapeló una exsecretaria de esta administración. ¿Qué las directivas de un equipo de fútbol tienen diferencias con una barra?, ¡a jugar fuera de aquí! ¿Qué la Plaza de Botero es habitada por realidades complejas que merecen atención?, ¡encierren la plaza y que se queden afuera! ¿Qué en el cumplimiento de sus funciones y en el ejercicio del voto, el Concejo no aprobó la venta de acciones de UNE? Pues chantajeemos a los ediles diciéndoles que por culpa del Concejo no habrá pago. En fin, esta es la política del “si no te gusta, te vas” o te saco, que es peor. Pero ¿debemos dejar pasar esto de largo como anécdota y nada más? ¿O será que estamos ante un estilo de gobierno que puede dejarle serios daños a nuestra democracia? Creo que sí hay una grave amenaza en todo esto.

Una ciudad y un país no son propiedad de quienes gobiernan y menos en un sistema democrático. La democracia no es sólo el procedimiento para elegir gobernantes y corporaciones públicas, sino que atraviesa todo el ejercicio del poder y traza una manera de practicar la política y la vida ciudadana, que, para ser más concreto, tiene qué ver con el control permanente de las decisiones públicas, la no persecución de los que piensan diferente, la capacidad de tomar decisiones consensuadas y, sobre todas las cosas, con no restringir ni estigmatizar o expulsar al opositor. En síntesis, una democracia es una forma de comprender y vivir la política lejos del mero culto a la personalidad del gobernante y más lejos aún de gobernar solo para los amigos o socios. Este espíritu democrático es el que está bajo amenaza por estos tiempos.

A Colombia y a Medellín le ha costado mucho esfuerzo y muchas vidas construir la democracia que tiene. La obstinación de los que tienen el poder, nacional o local, resquebraja la confianza de los distintos sectores sociales y ciudadanos, crea una atmósfera de incertidumbre y cubre con cierto manto de amenaza a quienes hemos sido amenazados una y otra vez a lo largo de nuestra historia colombiana. La política del “no pasarán”, del “fuera de acá”, del “no les pertenece”, del “o conmigo o contra mí y contra el pueblo”, del “convoco a defender mis políticas en las calles”, entre otras, es innegablemente antidemocrática. Esta forma de la política nos perjudica, nos desesperanza, nos impide hacer cambios, nos pone bajo amenaza y nos empobrece socialmente.

La ciudad de Medellín debe ser protegida de este discurso de la expulsión, que es más el ruido que hace, que lo que gobierna de verdad. Al mismo tiempo, debemos tejer nuevamente la confianza colectiva. Entonces, ¿qué se vayan todos? No, que se queden que en una democracia todos caben. Eso sí, ¡que no hagan más daños!.

Publicado en El Colombiano el 5 de mayo de 2023

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