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La noche del 12 de octubre de 2013 la torre 6 del edificio Space de Medellín, que hacía parte de un conjunto de apartamentos, se derrumbó. Murieron doce personas. Un residente y once obreros que hacían reparaciones. El 23 de septiembre de 2014 se ordenó la demolición total del edificio, dando paso a la ley 400 de 1997, Ley Anti- Space, para frenar la construcción de edificaciones que no cumplan rigurosamente con los requisitos. Space era un edificio de 22 pisos, 161 apartamentos; albergaba a 115 familias, 551 personas afectadas.

La tragedia de Space marcó un antes y un después en la historia de la construcción de propiedad horizontal en Medellín.

Hoy, nueve años después, las personas que invirtieron el ahorro de toda una vida de trabajo, para ver implosionado ese esfuerzo en segundos y empezar a vivir semejante tragedia, no lo olvidan. Es que cómo olvidar que una noche cualquiera le digan a uno: “Tiene que evacuar, salir ya de su casa”, y al otro día, ¡pum!, el edificio se cae y los sueños se caen y la confianza se cae, y la vida de todos los habitantes se direcciona distinto a partir de ese momento. Ver los rostros de esas personas, sentadas en la calle mirando al vacío donde antes estaba su casa, desgarra cualquier corazón, y de cualquier estrato. Personas que se han convertido en los desplazados silenciosos de la ciudad. Aún siguen pagando créditos hipotecarios sobre apartamentos que ya no existen.

Los edificios enfermos los construyen personas enfermas.

¿Qué les pasó a los constructores? Cambiar materiales y “optimizar” otros les desestructuró la ética, se les torcieron las columnas y se les cayó el edificio, murieron 12 personas y dejaron sin vivienda a 551. No solo a los habitantes de Space, también a los habitantes de Asensi, Matua, Continental Towers, San Miguel del Rosario, Kampala y otros más que alargan la lista. La ética sí que necesita estructura.

¿Por qué se desestructura la ética? Sería la otra pregunta. Y la respuesta explota, suena y bota humo como la implosión de Space: por dinero. Porque si la enfermedad es la falta de estructura, los síntomas deben ser: inflamación de la ambición, acumulación de riqueza, insensibilidad a la trampa, hiperegoísmo, trastorno de superioridad moral, atrofia de la razón y ceguera. Todos estos síntomas reducidos a uno solo: no ver al otro ser humano como un igual.

Han tenido tiempo a solas para pensar lo que hicieron, para asumir las consecuencias de semejante trampa, aunque no por ello queden eximidos.

Como tampoco queda eximido el alcalde de Medellín, que sigue haciendo campaña y descuidando procesos de ciudad. En este caso se necesita revisar el Plan de Ordenamiento Territorial y adecuarlo a la situación actual, hacer curadurías e interventorías éticas y garantes de los derechos que tiene una persona cuando compra una vivienda.


¿Cómo se puede sostener todo el pasado que nos queda por delante?

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