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Salir a la terraza a burlarse de la ciudad y a desafiar a los ciudadanos es un gesto que nunca olvidaremos. Así han sido las cosas para Medellín en los últimos años: un alcalde que no supo cuidarla y que la usó como plataforma personal. Pese a todo, no hay mal que dure cien años y ya por poco penamos. Pero ¿qué ciudad nos deja y qué debemos hacer? Veamos algunas cosas.

He podido por más de 20 años recorrer la ciudad y conocerla como nadie, hablar con personas de todos los barrios, corregimientos y estratos socioeconómicos en las más diversas situaciones y dificultades. Me atrevo a decir que la crisis que deja el alcalde Quintero es inédita y no tiene precedentes. Nadie se había regodeado tanto, en ninguna ocasión, de los destrozos ocasionados por la falta de gobierno, la improvisación y el despilfarro a costa del abandono de sus habitantes. Además, nadie antes había hecho alarde del desgreño en el que deja a la ciudad.

Quintero deja a Medellín en manos de la inseguridad, de la vacuna, del control del territorio y de las actividades más cotidianas. Los criminales que ahora andan disponiendo lo necesario para hacer política están a sus anchas intimidando a la gente. Una familia, en un barrio cualquiera, hoy tiene varias situaciones que convierten su vida en un drama: tienen a sus hijos presos del consumo de drogas, amenazados por los expendedores para que trabajen con ellos vendiendo, desescolarizados muchos de ellos, los padres con la incertidumbre de no tener a quién acudir, sin ayuda profesional pública para acompañar los problemas de salud mental que se derivan del consumo; con el corazón en la mano, como se dice, y con el credo en la boca rogando para que una ayuda celestial le ponga fin a esta situación. Lo que más indigna es que todo esto se ha podido evitar y, en el peor de los casos, atender y acompañar.

Por otro lado, en los mismos barrios de Medellín, sin importar la comuna, es común ver a las personas mayores sumidas en el abandono y la falta de atención en todos los sentidos. Este panorama no sería tan grave, si la población mayor de 60 años en la ciudad no superara los 480 mil habitantes. Son muchos y están solos. Personas mayores sin vivienda, sin atención en salud, sin oferta de recreación, sin alimentación, deprimidos y sufriendo las consecuencias que dejó la pandemia. Todos hemos visto cómo muchos de ellos se han convertido en venteros ambulantes a quienes les compramos porque nos compadecemos de su situación. La ciudad ha envejecido y su descuido institucional ha aumentado. Ni hablar de los niños y la instrumentalización política que el alcalde ha hecho con ellos. De principio a fin, la vida en Medellín está en riesgo.

Ahora que se avecina el final de esta administración, la urgencia es muy clara: necesitamos el esfuerzo y la decisión de todos para cuidar la ciudad.

Coliumna publicada en El Colombiano el 1 de julio de 2023.

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